Arquitectura y pandemia

Escrito por CATHERINE ETTINGER. Facultad de Arquitectura, UMSNH
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Unité d'Habitation at Time of Covid-19 by fabioomero via Wunderstock tomada de https://wunderstock.com/photo/unite-d-habitation-at-time-of-covid-19_49849228371

Hace un par de semanas salió un artículo en el periódico The New York Times sobre una investigación que relacionaba el lugar en donde se sentaban los comensales en un restaurante y sus probabilidades de contagiarse del coronovirus. No es muy sorprendente lo que el estudio reveló: el riesgo era menor en los lugares mejor ventilados donde el aire, a su paso, se lleva el virus.

Lo interesante es que se trata de una lección ya aprendida (y al parecer olvidada) a partir de diversos brotes epidémicos de influenza y tuberculosis en el siglo XIX. Si bien la preocupación por la higiene urbana surgió desde antes de este momento, fue a finales del siglo XIX a partir de teorías médicas de la época que reconocían el peligro de contagio en lugares encerrados que se revolucionó la arquitectura. Obviamente, el primer espacio en requerir de una modificación en su diseño fue el hospital.

Para ejemplo, no hay que ir más lejos que el Hospital General de Morelia, construido en 1901 en el sitio que ahora ocupa la Instituto Mexicano del Seguro Social en la avenida Madero en Morelia. El hospital, como otros de su época en el país, usaba una distribución con pabellones independientes para diferentes tipos de enfermedades, separando además hombres de mujeres. Estos largos edificios tenían una organización sencilla –un largo pasillo central con camas a los dos lados. Y, en cada extremo, una puerta que, abierta, permitía la circulación del aire. Pues se teorizaba que algunas enfermedades quedaban “en el aire” y que era muy importante la ventilación. 

 

 

El edificio principal y uno de los pabellones del Hospital General de Morelia construido en 1901. Imágenes tomadas de: http://www.espejel.com/breve-historia-del-hospital-civil-de-morelia/

Una preocupación similar se observa en la arquitectura doméstica porfiriana donde se privilegia no sólo la ventilación, sino también el contacto con la naturaleza que se consideraba también benéfica para la salud. Puede observarse en el Bosque Cuauhtémoc, antes Paseo de San Pedro, la manera en que se sembraron las casas entre amplios espacios verdes. Además, las casas están levantadas sobre semi-sótanos que permitían la ventilación abajo del piso y alejaban a los usuarios de la humedad perniciosa del suelo. Al mismo tiempo, el estar levantadas estas casas, se propiciaba la buena ventilación de todos los aposentos mientras que las amplias ventanas y terrazas permitían un sano contacto con la naturaleza. 

  

La portada del libro en que Le Corbusier describió su proyecto ideal de una ciudad rigurosamente diseñada.

La mayor revolución en diseño urbano, arquitectura y diseño ocurrió en las primeras décadas del siglo XX, justo después de la pandemia de influenza de 1918 que mató, según algunos cálculos, entre 20 y 50 millones de personas e infectó a un tercio de la población mundial. En 1924, el afamado arquitecto franco-suizo Le Corbusier propuso una nueva ciudad, la “Ciudad Radiante”, enfatizando en una propuesta de rigurosa zonificación donde torres de vivienda albergarían a la población, la importancia de acceso a sol, espacio y vegetación. Aunque era un proyecto ideal, fue influyente en la planeación urbana posterior. 

En la arquitectura del movimiento moderno –el estilo que predominó entre los años 20 y 70 del siglo XX— muchas de las características también son resultado de la experiencia de la pandemia. Desde los años 20 la estética se depuró y los arquitectos desarrollaron volúmenes de líneas rectas, superficies blancas e interiores limpios. La propuesta de 5 puntos para una nueva arquitectura, elaborado por Le Corbusier incluía pilotes que levantan al edificio del suelo, el uso de ventanas horizontales, la planta libre, la fachada libre y el techo jardín. Sin entrar a explicar cada uno de estos puntos, podemos notar que la elevación del edificio sobre el suelo, la mayor apertura y ventilación a través de las tiras horizontales de ventanas y el acercar a la naturaleza a los habitantes en un jardín sobre el techo de la vivienda son elementos todos asociados con la creación de un ambiente sano. 

La Villa Savoye en Poissy, Francia de Le Corbusier (1928-1932) concretizó muchas de las inquietudes higienistas al levantar la casa sobre pilotes y permitir la entrada de luz y ventilación a la casa. El jardín en la azotea responde también a la creencia en los efectos benéficos del sol en la salud. Fotografía de la autora.

En el Hotel Alameda en Morelia, México el arquitecto Mario Pani implementó algunas de las ideas de Le Corbusier que se asocian con ideas higienistas, incluyendo el ahora desaparecido jardín en la azotea, marcado en los planos originales como roof-garden. Fotografía tomada de Arquitectura/México, no. 10, junio 1942, pp. 37-42.

 En general, Le Corbusier promovió en sus proyectos que en el interior de las viviendas se “conociera el sol y el aire puro”; adicionalmente consideraba importante que los habitantes se deshicieran de cosas superfluas que no representaran el espíritu moderno de la época. En los espacios interiores, debía de haber menos objetos y menos recovecos en donde se podía esconder el polvo que acumulaban las bacterias que causaban la tuberculosis.

El diseño de mobiliario de principios de siglo también buscó la eliminación de elementos tallados en la madera que podrían convertirse en foco de infección. Para el Sanatorio de Paimio, el arquitecto finlandés Alvar Aalto no se limitó a diseñar el edificio que atendiera a tuberculosos, sino que también diseñó un mobiliario con líneas fluidas y superficies fáciles de limpiar. Muchos de los muebles diseñados en este periodo –aunque desde luego que se relacionan con movimientos artísticos— responden por lo menos en parte a una inquietud de limpieza. Tal es el caso de la silla Rojo y Azul de Gerrit Rietveld, ligada al neo-plasticismo holandés de la época y las exploraciones plásticas del pintor Piet Mondrian, pero con superficies lisas y de fácil limpieza. 

Las líneas en el diseño moderno de mobiliario no solo respondían a una estética, sino también a la facilidad de limpieza como en el ejemplo de la Silla Rojo y Azul de Gerrit Rietveld (1918-1923) o la Silla Paimio de Alvar Aalto (1931-1932) diseñado para el Sanatorio para personas con tuberculosis en  Paimio, Finlandia. Fotografías tomadas de moma.org.

La revolución en los interiores y el mobiliario no solo tenía que ver con la higiene y el bienestar físico, sino también con el bienestar espiritual. En el pensamiento de la época se planteaba que el deshacerse de una estética heredada del pasado daría la oportunidad de crear un “nuevo hombre”. En una suerte de filosofía minimalista, se creía que el deshacerse de bienes materiales, en particular objetos atados al pasado, contribuiría a crear un mejor ser humano y una mejor sociedad. El vivir en un espacio de muros blancos, con vistas a áreas verdes, acceso al sol y el aire, sanaría no solo el cuerpo sino también la mente. Tal vez haga eco de lo que nos sucede hoy, cuando, después de semanas de encierro, a más de uno le ha dado por hacer la depuración de objetos, la limpieza de closets y el desecho de objetos y ropa en desuso. Podemos especular que este trabajo de limpieza no solo tiene que ver con que nos sobre tiempo, sino también radica en una necesidad de buscar el bienestar emocional que nos puede dar el lugar en donde vivimos, cuando en ello hay orden.

Así, observamos a vuelo de pájaro las reacciones de urbanistas, arquitectos y diseñadores a una traumática experiencia de una pandemia. Ahora nos queda reflexionar sobre las enseñanzas que llevaremos de la actual pandemia. ¿Se replanteará la idea de la ciudad densa considerada una solución idónea para el uso eficiente de los recursos ahora que vemos que presenta otra cara, una de gran vulnerabilidad? ¿Repensaremos nuestras casas después de haber pasados meses encerrados? ¿Estaremos pensando en tener más áreas verdes? ¿Una cocina a la antigüita donde los niños pueden hacer trabajo escolar mientras cocinamos? ¿O en espacios de trabajo desde casa? ¿Nos dará por diseñar vestíbulos donde podemos desinfectar lo que entra al hogar o dejar los zapatos? ¿Pensaremos los restaurantes con más mesas al aire libre? En fin, la pandemia nos da mucho que reflexionar a los arquitectos en relación con el futuro del diseño en sus diferentes escalas y seguramente esta experiencia motivará nuevas soluciones.


 

CATHERINE ETTINGER

Facultad de Arquitectura

Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo

Horacio Cano Camacho
Qué artículo tan interesante. Aunque lo sospechaba, me interesó aun más el tema. Seguro debemos pensar más nuestras casas y nuestras ciudades, porque esa será, por desgracia, una constante de aquí en adelante: pandemias y cambio climático. Saludos

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