Microcomunidad de mujeres dentro y fuera de la pandemia

Escrito por ALEJANDRA OLVERA RABADÁN, CLAUDIA FRAGOSO SUSANAGA, ADRIANA ELENA ROVIRA VÁZQUEZ y ROCÍO DEL CARMEN LUNA URDAIBAY, Cuerpo Académico de Artes Escénicas, Facultad Popular de Bellas Artes, UMSNH.
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Fotografía de Daria Shevtsova, tomada de https://www.pexels.com/es-es/foto/ligero-gente-arte-noche-3793312/

Quienes escribimos conformamos un cuerpo académico dedicado a las artes escénicas. Tenemos más de 10 años de trabajo conjunto durante los cuales hemos vivido una gran cantidad de situaciones muy diversas. Lo que queremos reflexionar en esta ocasión tiene que ver con la sororidad y con la manera en que nos hemos conformado, no solamente como un cuerpo académico, sino como una microcomunidad de mujeres.

Cuando en la universidad nos empezaron a informar sobre cómo debían ser conformados los cuerpos académicos y nos pasaron los criterios de evaluación de estos, se estableció una cierta orientación en nuestro trabajo. Nos enfocamos en la delimitación de nuestras líneas de generación y aplicación del conocimiento, en la concreción de actividades académicas y el desarrollo de proyectos de investigación y creación conjunta.

Cumplir con todos estos parámetros es lo que nos ha permitido mantenernos por tantos años y funcionar dentro de la institución de manera adecuada, aún cuando venimos de disciplinas, que en el ámbito institucional, no tienen tanto tiempo de desarrollo y por lo tanto tienen menos recursos que sustenten o cobijen la producción académica. Sin embargo, al hacer una mirada retrospectiva del funcionamiento de nuestra agrupación, descubrimos que lo que nos ha permitido resolver todas las dificultades que se han presentado y mantenernos trabajando colectivamente no son los parámetros establecidos por PRODEP para la conformación y desarrollo de los cuerpos académicos, sino la dinámica de nuestras relaciones interpersonales como comunidad de mujeres.

Hemos trabajado juntas por tantos años que nuestra actividad ha estado atravesada por el nacimiento, adopción y crianza de nuestros hijos e hijas, problemas de salud, pérdida de seres queridos, grandes logros y alegrías personales, desarrollo de estudios de posgrado en convivencia, trabajo en la gestión universitaria entre muchos otros asuntos. En cada etapa la organización interna del Cuerpo Académico de Artes Escénicas (CAAE), así se llama el nuestro, ha tenido que adaptarse a las circunstancias. Por ejemplo, organizar sesiones en condiciones que permitieran combinar el cuidado de hijos e hijas con el trabajo, apoyar a alguna de nosotras que ha estado en dificultades o capacitarnos entre nosotras en diversos asuntos de la vida universitaria, no necesariamente relacionados con el trabajo de nuestro cuerpo colegiado.

Esta capacidad de adaptarnos a las circunstancias y apoyarnos en cada una de ellas, nos ha permitido por un lado fluir con el trabajo durante la pandemia y por el otro estar presentes para las demás en un momento en que el contacto y la contención se han vuelto muy importantes. Pensamos que en la mirada femenina, el trabajo y la productividad no son tan fácilmente separados de la vida y que el éxito en el trabajo de un grupo de personas depende, en buena medida, de la capacidad que tengan para concebirse, no como seres individuales que están juntos, sino como seres compenetrados y cuyo desarrollo personal depende del crecimiento colectivo.

Pongamos como ejemplo alguna de nuestras reuniones: en primera instancia buscamos, por más que parezca algo complejo, un día y hora disponible para las cuatro, que no afectara la dinámica familiar de ninguna de nosotras, también por lo regular nos reunimos en un café o en casa de alguna de nosotras. Si bien nuestras reuniones tienen el fin práctico de atender asuntos de planeación y desarrollo académico, en realidad lo experimentamos como una reunión entre amigas. Resulta ser que nuestras sesiones están llenas de proyectos como publicaciones, seminarios, conferencias, congresos, talleres, etcétera, todos ellos en beneficio de la comunidad a la que adscribimos, la Facultad Popular de Bellas Artes y sus vínculos con la comunidad artística del estado, nacionales e internacionales. Pero a la par, están plagadas de risas, charlas serias y preguntas personales ¿cómo te fue en la cita médica? ¿qué tal le va a tu hijo? ¿cómo te sientes con esto? La gran ventaja que eso nos otorga es que, una agrupación que respalda el trabajo académico, también respalda la vida. La convivencia cotidiana, empática, interesada en el bienestar de la otra. No está separada del profesionalismo, la responsabilidad académica y el trabajo efectivo. De hecho, consideramos que somos efectivas porque formamos una comunidad en sororidad.

No asumimos como mujeres, creadoras, trabajadoras, universitarias, madres, amigas, hermanas, que enfrentan su profesión día a día. El sentir del confinamiento nos ha dispuesto al trabajo, a responder al compromiso con nuestros estudiantes y con nuestros compañeros pares, profesoras y profesores que se encuentran en la misma disposición, enfrentando una situación emergente, procurando dar respuestas lo más oportunas y prácticas.

Pertenecemos a las artes del encuentro de los cuerpos, del convivio presencial, que de pronto se decretó como un peligro. Las artes escénicas fueron de las primeras actividades que tuvieron que replegarse y probablemente seamos de las últimas en volver a formar parte de la vida cotidiana. En la nostalgia de los cuerpos que se encuentran, donde no podemos ensayar, ni vivir en el aquí y ahora en una función de danza o teatro, sabemos que estamos juntas. Y que en estas circunstancias de emergencia sanitaria se nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre lo que ha sido y sobre lo que significa para nosotras ser artistas escénicas. Porque, parafraseando al maestro Luis de Tavira, “en los tiempos de crisis hay que salir adelante y transformarse, más que derrotado”[1]. La oportunidad de detenernos nos conduce a la certeza de que algo tiene que cambiar. La asignatura es la esperanza para combatir el miedo. La esperanza de volver a celebrar la vida en los escenarios.

Como mujeres podemos asegurar que, este compromiso no está determinado por el género. Somos feministas porque somos mujeres y creemos firmemente en el respeto a los seres humanos sean del sexo que sean. Somos universitarias que desde las artes escénicas estamos enfrentando una problemática social, estamos seguras que el arte proporciona, no sólo a los estudiantes sino a la sociedad en general, mecanismos de sublimación física y anímica y ese ha sido uno de nuestros retos.

Nos toca reconocer que, la manera en que nuestra comunidad artística cercana se desarrolla, ha transitado de una lógica tecnicista en el trabajo académico, centrada en los aspectos meramente formales de la hiperespecialización de nuestras disciplinas, el teatro y la danza, para enfocarse en aspectos humanistas del arte. Desde ese lugar es que nos hemos permitido cuestionar las relaciones convencionales que se establecen en los ambientes de trabajo, muchas veces impersonales, centradas en la productividad y poco en el desarrollo humano. Antes que la academia, están las personas: nosotras mismas, nuestras y nuestros compañeros y estudiantes.

La pandemia y el confinamiento nos ha puesto alertas ante la fragilidad de nuestros cuerpos, sobre todo porque nuestras disciplinas, la danza y el teatro, suponen la cercanía, el contacto físico, la interacción de creadores entre sí y con los espectadores. Nos ha cuestionado el encuentro y sin embargo hemos logrado conjuntar nuestros esfuerzos para generar estrategias que posibiliten esta cercanía, que nos permite estar con estudiantes y entre nosotras en activo. Cuidamos nuestros cuerpos y mentes para estar en condiciones de favorecer un bien general, en tanto, como señala Yásnaya Elena Aguilar, “el bien individual es el bien colectivo”[2].

[1] Charla entre Luis de Tavira y Circee Rangel. Programa “Puro Drama” 03 de mayo del 2020.

http://www.radio.udg.mx

https://www.facebook.com/1543324062568795/videos/565181714137655

[2]Aguilar, Yásnaya.  Jëë pë’äm o la enfermedad del fuego en Capitalismo y Pandemia (16 ensayos publicados entre el 21 de marzo y el 16 de abril de 2020). Artículo publicado en El País el 22 de marzo de 2020. Edit. Filosofía Libre.

ALEJANDRA OLVERA RABADÁN, CLAUDIA FRAGOSO SUSANAGA, ADRIANA ELENA ROVIRA VÁZQUEZ Y ROCÍO DEL CARMEN LUNA URDAIBAY

Cuerpo Académico de Artes Escénicas

Facultad Popular de Bellas Artes

Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo

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